Oda a las bragas de mercería

Hoy vais a permitirme que abandone el tono un tanto serio que a veces puede parecer que tengo porque redactaré este post a partir de una experiencia muy personal. No sé si me he contagiado, tras tantas semanas de discusión, del espíritu Gomadós o definitivamente he perdido las formas, pero he decidido dejar para otro día el post preparado para hoy sobre la mujer en el campo para hablaros de las bragas de mercería.

Todo empezó hace unas semanas, quizás ya un par de meses, cuando mi madre me regaló unas bragas de mercería que se había comprado pero no le valían; como no me parecieron excesivamente feas ni ortopédicas acepté de buen grado. Al principio me las ponía cuando el cajón de bragas se iba quedando vacío, luego pasé a usarlas con la misma frecuencia que el resto y cuando he querido darme cuenta mi subconsciente intentaba poner una lavadora justo al quitármelas para siempre tenerlas limpias y disponibles. Y así, un día llegué a casa y dije: “mamá, quiero más bragas de mercería”.

En mi familia siempre se compró la ropa interior, los pijamas, las medias, los calcetines, las batas y demás elementos de moda íntima y hogaril en la mercería “de abajo”. Recuerdo perfectamente ir con mi madre y hermana a Sánchez y ver cómo nos sacaban una tras otra bragas sobre el mostrador, las tocábamos, las medíamos y finalmente comprábamos las que, tras un buen rato de observaciones varias, nos habían parecido mejor. Y recuerdo también cómo ese ritual se sustituyó, de golpe y porrazo, por la compra de bragas monísimas, de conejitos, panteras rosas y demás dibujos infantiles en cajas de 7 con las que creíamos estar tan monísimas como las bragas mismas. Pero no.

La primera diferencia, y probablemente la fundamental, de la que me di cuenta es el chochero, nombre, por cierto, que aprendí en un artículo que leí hace meses precisamente sobre el diseño de las bragas. El chochero es el refuerzo de tela que traen tus bragas para evitar que los distintos fluidos que emanan de tu cuerpo queden retenidos y no lleguen hasta tu pantalón proporcionándote esa maravillosa sensación de “parece que me he meado”. ¿Y qué le pasa al chochero de las bragas de Guoman Secret (pronunciado a la española), Oíso y demás tiendas de bragas mega fashion de las principales calles de nuestras ciudades? Que la tela que teóricamente funciona como refuerzo está más a la altura del ano que de la vagina, así que flujos, fluidos y demás secreciones impactan sobre la tela que no está reforzada proporcionando una indescriptible sensación de frescor. Por no hablar de la bola arrugada en la que se transforma el supuesto chochero cuando haces deporte. El artículo que antes mencionaba me enseñó también la relación ente la industria de las bragas que, pensábamos, de forma inexplicable no sabía colocar este refuerzo y la industria del salvaslip: si estás mal hecha y tus flujos no caen sobre el chochero ponte salvaslip.

Quien esto escribe, seca y con el chochero bien puesto, sabe que la réplica que viene es la de que las bragas de mercería son feas y antieróticas (lo sé porque es lo que me habéis dicho cuando he querido expandir la buena nueva por el canal oral). La primera reflexión que cabría hacerse es que menudo lío tenemos si la carga erótica de las relaciones ahora la llevan las bragas, pero en todo caso, eso se soluciona rápido: fuera bragas. Además, relativicemos, son solo unas bragas, vale que no tienen ositos ni estampado hipster pero las rayitas azules de las bragas que adjunto no están tan mal.

Y esto del erotismo y la belleza me lleva a otra reflexión y a una nueva ventaja: el tamaño. Las bragas de mercería no son sexys, la braguita del Guoman sí, pero prueba a ponerte una braguita de las que viene en caja de 7 sin depilar y cuéntame si de verdad estás mona. Si ya eras esclava del salvaslip ahora también lo eres de la depilación de ingles y si eres usuaria de compresas, olvídate de colocarla sobre ese chochero que no llega a los 4cm de ancho y sobre el que tu compresa hará verdaderos equilibrismos.

El tamaño de nuestras bragas no tiene que hacernos sexys sino hacernos sentir cómodas y basta ya de que se metan entre el culo mientras caminas.

Y así fue como haciéndome consciente de las ventajas que esas nuevas bragas me proporcionaban fui haciéndome consciente de la opresión que ejerce el mundo de la moda, hasta en lo más íntimo y personal, sobre las mujeres.  Y así he sentido que me empoderaba a través de las bragas, que ni sexy, ni bonita, ni delicada: cómoda, tranquila y feliz.

Pequeños actos subversivos a través de la ropa interior: como mujer menos esclava; como ciudadana y consumidora menos esclava también: cada vez que compres unas bragas en la mercería del barrio estarás ayudando en su lucha por la supervivencia al comercio local.

Bragas de mercería: bragas subversivas.

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5 Respuestas a “Oda a las bragas de mercería

  1. Tienes mucha razón, de una forma simpática vienes a dar en el clavo, en como la funcionalidad y la comodidad siempre salen perdiendo en este mundo en el que vivimos cuando se confrontan con la estética. Sí eres mujer esto es aun peor. No conocia lo del chochero y me encanta, muy descriptivo.
    Conocía ya el blog Suspenso en Religión y también disfrute de su entrada sobre bragas ( así como suena, nada de usar tontos diminutivos, como si fuera una palabra sucia y fea, algo parecido pasa con vagina)
    Saludos requetechulos

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