El futuro que no llega

Llevo en mí el vacío de una generación. El vacío del rey Midas que convierte en barro todo lo que nos prometieron oro. El vacío de lo que se deshace, se desvanece, desaparece, no existe. Tengo dentro el vacío de una carrera, de las tardes sin columpios, las vacaciones sin playa, de los grados, los postgrados, los másteres, las prácticas, las noches en vela, las noches sin copas, el esfuerzo, la responsabilidad. El futuro que no llega.

Estudia hija y llegarás lejos. Y cada verdad absoluta se resquebraja. Y tenemos treinta años y no tenemos casa ni familia ni trabajo ni claro dónde queremos estar. Porque a cada sitio que llegamos se rompe. Y buscamos otro nuevo a sabiendas de que se va a romper. Y, efectivamente, se rompe.  El futuro que no llega.

Y seguimos siendo niños. No crecemos. Ya no queremos crecer. No creemos. El futuro que no llega.

El futuro no llega nunca. Y para qué.

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