Salvar la Navidad

Como cada día encendí la televisión para sentarme a comer. El ritual de siempre. Salir de la cocina con una bandeja que lleva un plato con comida, un cuchillo y un tenedor. La botella de agua y el vaso ya están en la mesa del salón esperando. No caigo en la tentación del pan. Hoy he preparado para comer lombarda con piñones y manzana. Me encanta esta comida tan de otoño. Y me encanta mezclar la lombarda con fruta. Otra de mis recetas favoritas es con granada. Y a veces la hago en ensalada con naranja. De hecho, lombarda es de las pocas cosas que cocino y que cocino con distintas recetas. Será porque siempre es otoño cuando me propongo sacudirme la vaguería en la cocina. Propósito que, por cierto, nunca llega a año nuevo.

Son las 15:05h. Me siento en el sofá. Pongo la bandeja sobre mis muslos. Me dispongo a comer. En la televisión el telediario. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Sigo comiendo. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. He terminado la lombarda y me he quedado con un poco de hambre, así que me levanto a la cocina y me parto un par de trozos de queso. Siempre encuentro alguna excusa para comer queso. El hambre o la gula. Pero siempre como queso. Hace dos días que he comprado un queso viejo y ahumado que huele desde que meto la llave en la cerradura de la puerta de casa. La excusa es el hambre. Pero la realidad es la gula. Este queso está de muerte.

Vuelvo al salón. Me siento. El telediario sigue a lo suyo. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad.

Dejo la bandeja sobre la mesita baja del salón. Cojo el teléfono móvil. Leo algunos Whatsapp. Miro Instagram. Me entretengo. Veo en las historias de otras personas quedadas familiares. Pequeños encuentros entre amistades. Cercanas. Otras no tanto. A veces mascarillas. A veces no. Me quedo traspuesta.

Cuando me despierto ya no hablan de salvar la Navidad, hablan de Messi, que debe ser tan importante o más que salvar la Navidad. Dicen que Hacienda le investiga por defraudar a Hacienda. Llevo la bandeja con el plato vacío y los cubiertos sucios a la cocina. Ya fregaré después. Dejo la botella de agua y el vaso en el salón. Voy hacia la habitación, me pongo los playeros, me enfundo el abrigo, cojo el bolso y me voy.

Mi madre, tras leer mi artículo sobre Delibes, se ha puesto a releer algunas de sus obras y a descubrir otras. Justo esta semana no podrá hacerlo, pero yo tenía en el ordenador las películas de El disputado voto del señor Cayo y La sombra del ciprés es alargada y se las he transferido a la tablet, por si se encuentra bien y le apetece entretenerse. Veinte minutos después estoy en el hospital.

-Habitación “de mi madre”. Vengo a traerle unas cosas.

-Sube, llama a la puerta del pasillo, te recogerán la bolsa. Pero recuerda: no puedes entrar.

-Hola, traía esto para mi señora madre. ¡No lo agarre por ahí!, también traigo unos pasteles, hoy es su cumpleaños.

Vuelta a casa. Detrás dejo un pasillo de hospital cerrado a cal y canto. Pacientes sin compañía y enfermedades sin culpa de llegar en un tiempo en que hay que sanar en solitario.

Aún es de día. Tengo que hacer la compra. Fregar y otros ingratos pero necesarios menesteres. Me distraigo con un programa cualquiera en la televisión. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Recuerdo que esta mañana el periódico decía en su portada que la mitad de los quirófanos de esta provincia están cerrados a causa del Covid. Mi madre no tiene Covid. Pero ha tenido que esperar casi 20 días a que un quirófano estuviese disponible para que le pudieran realizar una operación de urgencia.

Recuerdo una conversación de hace unas semanas. Quizás ya meses. Cuando tomábamos cañas en las terrazas con cierta relajación. “Yo no tengo miedo a contagiarme” decían algunos. Lo mismo decían otros en otro día y en otra conversación. Yo me pregunto si tampoco al colapso sanitario. Pero la televisión sigue. Como el hedonismo. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Salvar la Navidad. Lo de salvar la Sanidad se ve que ya lo dieron por perdido (que llamen a Messi). Y también lo de salvar la vida misma. Que digo yo que si encontraron ustedes algo que valiera más que eso.

En fin. Salvemos la Navidad, pero de nosotros mismos.

Fotografía del artículo

Artículo publicado en la contraportada de La mar de Campos de diciembre de 2020.

**Este artículo está basado en hechos reales. Gracias a todo el personal sanitario del Hospital Clínico de Valladolid no solo por sanar, sino también por acompañar tan bien.

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